Rosquillas de naranja

Rosquillas de naranja

Las primeras las hice contigo ¿ te acuerdas?
Que desastre salieron…. jajaja, comparadas con estas eh? Pero tú me animabas.
Tú me metiste el gusanillo en el cuerpo…. primero la cocina, comprar, seleccionar… Se lo decía a mi hija mayor….( papa, no te imaginas lo mayor que se ha hecho)…. pues como te lo decia_
-” mi abuelo me metió en sangre lo de ser madre”-
Ni puñetera gracia me hace, por Dios!!
Pero si veo una escoba y actuó como una posesa.
Si sé que viene alguien , la noche antes….ya me tienes liada con las croquetas¡¡.
Los chicos, mis hijos, protestan cuando cuando les sirvo los platos-
-“mamá por Dios que solo somos cuatro y has hecho para 10!!”-
Tienen razon, parezco el lado opuesto de una dieta adelgazante.
Siempre organizando, siempre limpiando, siempre pensando por y para cinco… y estoy cansada, cansada y aburrida de esta monótona agonía que es pensar por los otros.
Muchas veces, cosas que pasan, me encuentro sola pero hablando con tu recuerdo.
¿ Cómo se olvidan de aquellas tardes en el balcón de tu casa?
Me enseñaste que aquellas aves eran golondrinas y que frente al balcón había un muestrario de sus nidos… yo miraba hacia arriba y me quedaba asombrada de aquel vuelo rápido, de lo acertado en la precisión de los cruces. De aquella bulla que se escuchaba, de la resistencia, de su fuerza….sobre todo de esta ultima. La mía , por aquel entonces, empezó a ser insuficiente para tirar de un cuerpecillo pequeño de tan solo 10 años.
Hoy, ese cuerpo, siente que ya llega la retirada. Cansada, agotada…
Camino con el apoyo de un baston , con las secuelas de una columna rota, con el corazón muy cansado y el alma en mil sitios.
Mi recuerdo vuela a una tarde en el hospital… El padre de mis hijos había comenzado el camino de retorno y a ti te habían ingresado . Baje a verte a la planta donde estabas… te habían sentado en el butacon y tu habías girado el cuerpo hacia la cama para apoyar los brazos y sobre ellos tu cabeza…. sollozabas.
Esperé, te observaba. Tus hombros se agitaban y a mi tus sollozos me rompían el corazón. De pronto diste un grito… “¡¡Mamá !!-
Me Rompiste. Así de tonto y de simple…. crugio todo lo que dentro de mi podía romperse…¡¡ lloraba mi abuelo y llamaba a su madre !!
No llamaste a la abuela, no a tus hijos… ¡ a tu madre ! Tú, con casi 90 años pedias auxilio a tu mamá como lo hacían mis niños pequeños.
Jamas te quise tanto como en aquel momento al darte mi abrazo…. Abuelo, abuelo… mi héroe en la vida, mi hombre bueno, mi padre por vocación … hoy , soy yo la que cede al miedo, la que llora llamandote, la que busca esconder el rostro ante el dolor y quiere coger tu mano de nuevo.