El peligro de los silencios … y pintar puertas.

Todo sucede en un momento, en un instante sin previo aviso…
Nunca  sabes  si ha de suceder mientras pintas unas puertas, o colocas viejos libros de aquellas estanterías  altas, o…
puede que sea tan simple como una noticia y que caiga en tus manos un viejo album de antiguas fotografías…
 

No hay prologo, ni señal, ni voz que alerte nuestro oído…

 

Como mucho, un golpear en el pecho, un traspiés del ritmo, un vuelco en la vista y un vacío que se hace eterno.

 

No hay tiempo… el espacio se achica, cualquier oración se hace libro… los sentimientos estallan.

No sabes, no comprendes cómo  pero,

 te ves asomada  a una monumental ventana con paisajes de  perversos y negros 

abismos.

Eres consciente de que el tren arranca y no hay forma de parar su marcha. Se instala un ansia desmesurada por terminar aquello que alguna vez fue comenzado… y tal vez, por razones que ya ni recuerdas; olvidado.

Nace una angustia por pronunciar aquellas palabras que  en algún momento tuvieron que ser dichas. 

Sabes de una claridad sorprendente que te habla de lo que era… y lo que no, era importante..

Sabes o crees que tus ojo están rezando… pero eres consciente del disparate de saber que,  a la vez, tu mente  vuela en un recuento de los mil detalles, de las mil cosas que creías hechas y, sin saber como, aparecen a cientos en esa lista de  pendientes. Tu mente corre, vuela en un recuento de lo que  no hiciste… Buscas un segundo más para decir que en todo fue importante, que todo eran vida… Quizá, para rozar la piel en un beso, para susurrar amor, para …

Calla, todo eso no fue más que un momento. Producto de los desvaríos que provoca el silencio…

No despiertes alarmas.
Tenemos la mágica frase;
"soy  humano, frágil, débil,
 imperfecto, un poco loco,
un mucho"…
Vaya, que no es nada, en un par de días, la vida vuelve a la normalidad y, ya lo veras… todo se olvida.
Aparcaremos la premura por abrazar, la prisa por ordenar papeles que dan fe de nuestra vida.
Aparcamos, para mejor ocasión, la necesidad vital de explicar en el orden de prioridad que está en nuestra lista…
Necios y torpes, olvidamos  que en el bolsillo de atrás tenemos el billete de ida. Sólo el de ida.
 
Te quieros que necesitas pronunciar ,mil veces, antes de ser olvidada.
Manos  que se apresuran a borran  una lista idiota, que, ya,
en el momento de escribirla sabes innecesaria.
No hay tiempo, se acaba.
El billete no tiene retorno y la salida es inminente…
Aún cuando nos empeñemos en lo contrario.