Más tiempo

Dias de nervios y de ultimar detalles.
Imposible zascandilear por aqui y  cumplir con mis deberes de hada mayor.
¿ Verdad que lo entendeis?
Solo os pido una cosa:
Porfi, no me olvideis, vuestros comen y saber que  estais ahi, me da ánimos y refuerza mis alas transparentes.
( vaya hada floja que estoy hecha )
 
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Un cuento pasa Sandra

 Un cuento de hadas

        Un cuento de hadas para mi nieta Sandra

 

 

 

Pufff…

¡¡ Corre, corre… !!

Hay reunión en el bosque. Las hadas mayores, han dicho que tenemos que estar todas,  bajo el gran árbol, reunidas a las doce.

_ ¿ Pues que pasa?-

Pregunto un hada chiquitina que andaba  ocupada componiendo colores para esa mañana.

-¿ No me digas que no sabes la noticia?

Respondió el hada alborotadora.

– Hoy, si , si , hoy, nace  un hada nueva. ¿No sabes que hoy es 21 de Septiembre? Es el día en que nacen las hadas especiales. Esas que traerán cosas  buenas para  el mundo.

Todas ellas tienen los ojos azules, es lo que las distingue del resto.

 

Las dos hadas corrieron hacia la espesura del bosque  y cogidas de la mano, junto a sus muchísimas compañeras, esperaron pacientes a que llegase el hada mayor.

 

No se sabe cuanto tiempo  estuvieron esperando. No se dieron cuenta de ello. Todas, cantaban alegres durante la espera, sabían que  llegaba una nueva compañera…

 

De pronto, el gran árbol se abrió por la mitad y de su interior apareció un montón de duendes, mariposas y libélulas. El bosque se lleno de risas y música….. El Gran Hada, la más viejita de todas, la más sabia; Apareció en medio de un montón de estrellas de múltiples colores. Con voz solemne y a la vez emocionada, grito a los cuatro vientos.

-¡¡ Atención, Seres Halados; Ya ha nacido Sandra!!

 

Las hadas no cabían en sí de gozo y alegría. Movían sus alitas en rápidos movimientos, pero sin llegar a levantar el vuelo. Los duendes, danzaban por entre los árboles, y estos, a su vez, dedicaron al momento una alegre lluvia de hojas amarillas. El aire que producía tanto batir de alas  las llevaba  de un lado a otro, prendiéndose en los cabellos sueltos,  largos y rizados de las hadas que estamos contemplando.

 

Indescriptible fue ese momento, indescriptible para poder contar la alegría de las hadas  que guardan silencio… Esas silenciosas que nunca dicen nada. Asi como para las dos hadas que estaban en el hospital donde nacía la pequeña Sandra.  Ellas dos, fueron las elegidas con  la suerte de ser la madre , y la abuela de nuestra hada recién nacida.

Tenían la misión de enseñarla a ver las cosas bellas de la vida.

 A Esther, la más joven, le toco ser su madre.

A ella le correspondería cuidarla, enseñarla a amar, a comer, ir al colegio, hacer las cosas bien… A lavarse y estar siempre limpia y presentable.

 Debería mostrarle como se camina por la vida y a confiar en sus actos.

Enseñarla, que nada es fácil para un hada que comienza a vivir.

Que hay que hacer un esfuerzo continuo para aprender y, estar atenta a que no todos tienen la misma suerte que ella.

A ser generosa con los demás, a no tener envidias, ni malos modos. A ser buena persona, para llegar en su madurez a ser una gran hada sabia.

 

Gloria, la mayor, fue nombrada; Abuela de la recién nacida…

¡ Ay! A esta, le toco una difícil misión. Era la encargada de la magia. ¡Sí ,  la magia ¡

Cuando Sandra llegue  a los 9 años, es el momento escogido para que su abuela le cuente el gran misterio de la Gran Magia.

-¿ Sí?-

 El hada alborotadora pregunto confundida y curiosa.

La Gran Anciana, contesto con firmeza.

        Si, ese será el día especial, cuando cumpla los 9 años, su abuela Gloria, le contara el misterio de la lectura y como se hace magia con ella. Le abrirá las puertas de la sabiduría y le ira enseñando que  ser una mujer es algo grande y extraordinario. Empezara a enseñarla para que llegue a ser una buena hada.

        ¡¡ Ah!!-

        El hada chiquitina, no podía cerrar la boca. Estaba asombrada ante todo lo que estaba escuchando.

De pronto, todas , cayeron en la cuenta de algo:

¡¡ Eh ¡! Gritaron al unísono, hoy es día 21 de Septiembre. Hoy es el “cumple”de nuestra hada Sandra; Por fin ha llegado a sus NUEVE años.

Hoy empieza su camino de hada

FIN

 

 

Mientras llega la boda de mi hijo (13 de octubre) os dejo entretenimiento.

Os dejo el concurso de Koldo(Ametslari Bakartia)

Sonrisa¿ Sereis buenos y les dedicareis un poquito de vuestro tiempo ?

Corazón rojo Como el desastre que soy Lengua fuera lo presento mucho peor que él Guiño

 

Concurso de Relatos y Fotografía ( Esta fue la convocatoria )

martes 14 de agosto de 2007

Presentación

Kaixo lagunak!!! (Hola amigos!!!) Bienvenidos al I. Concurso de Relatos y Fotografía organizado por Ametslari Bakartia. Como algunos ya conocéis, el concurso se basa en presentar un relato no mayor de 8.000 carácteres acompañado de una fotografía que puede o no estar relacionada con el relato. Ambos se mostrarán en las respectivas entradas que encontraréis después de la entrada dedicada a la votación.

El concursante que más votos obtenga ganará una cámara fotografica Panasonic que se muestra en el espacio Nere Bihotzaren Taupadak. Además por gentileza de Andrea todos los concursantes incluido el ganador recibirán un regalo sorpresa. A continuación se muestran los participantes:

– Participantes –

Perfil

Leo

Ver espacio

Perfil

Ametslari Bakartia

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Perfil

Amelia Arcos

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Perfil

Amara

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Perfil

virginia

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Gracias!!!

Suerte a todos!!!

Ojo!!! Atención!!!

El orden de concursantes no se corresponde con el orden de los relatos.

Muxu handi bat guztiori!!!! ( Un beso grande para todos!!!)

Publicado por Ametslari Bakartia en 16:51:00 8 comentarios 

 ( Periodo de votación:  Del 20 de Septiembre  al 21 de Octubre )

Votación

Kaixo lagunak!!! (Hola amigos!!!)

Por lo que parece siempre hay algo que debe fallar… Esta vez le ha tocado al servicio gratuito que Polldaddy ofrece. Según parece existe algún problema para acceder a su servidor. Siento mucho que esto ocurra justo hoy, día en el que da comienzo la exposición de los relatos. Si los problemas persisten deberé cambiar el metodo de votación. Espero que esto no ocurra. Como os he dicho lo siento mucho. Espero que el problema se solucione en breve.

Gracias a todos por vuestras visitas y gracias a los participantes por deleitarnos con tan hermosas palabras. Un abrazo a todos!!!

Publicado por Ametslari Bakartia en 16:51:00 10 comentarios

1.- Agaricus Campestris

Mi niño de Bolivia

En las navidades de 1998 escribí a Ayuda en Acción, quería colaborar en algunos de sus proyectos. Me comunicaron que en Coroico, un pueblo situado al pie de la cordillera de los Yungas, en Bolivia, necesitaban construir centros de asistencia sanitaria, escuelas y casas para los profesores y que sería la madrina de un niño. Para que la relación con los proyectos no fuera sólo económica, me pusieron en contacto con un pequeñín de seis años, José Manuel, que empezaba a ir a la escuela.

Al principio, como no sabía escribir era el maestro el que hacía de enlace entre el niño y yo. Cada carta iba acompañada de un dibujo, hecho por el niño, y una explicación, del profesor, de cómo iba en su clase. Con el paso de los cursos, es José Manuel el que me escribe y yo voy viendo su evolución en el colegio. Los pasitos que va dando, me recuerdan a los de mis hijos, muchos años antes. Entre las cartas y fotografías que nos enviamos, va creciendo mi cariño hacia él y supongo que José Manuel, cada vez que le llega una carta o postal mía, se pone muy contento.

Son más de seis años, ya, los que llevamos en contacto. Y, hoy, trece de marzo del 2007, al abrir el buzón de correo, me he puesto muy contenta. He recibido otra carta de José Manuel. Voy rápidamente a leerla. Quiero saber qué cosas nuevas me va a contar.

Hola amiga Mercedes
Saludarte una vez más deceandote
lo mejor, me encuentro bien de salud y en mis estudios.
Estamos contentos con tu ayuda
tenemos nuevas aulas Postas de salud Vivienda Para los Profesores.
muchas gracias y sigue colaborando con otros niños de mi País.
A sido un gusto conocerte
Pero Esta es mi última carta que te escribo.
Que Dios te vendiga
Chau amiga Mercedes. Siempre te recordare
Chau.

Siento presión en mi pecho, las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas. No puedo más. Dejo la carta sobre la mesa. En silencio, cierro los ojos mientras mis pensamientos vuelan al pasado, a abril del 2005 cuando…

―…Me encuentro preparando la maleta, con mucha ilusión, para ir a Sudamérica, visitando Bolivia entre otros países. Después de casi siete años en que lo ví, por primera vez -en una fotografía que me envió-, siento que se acerca el momento de estar frente a él.

Me he puesto en contacto con Ayuda en Acción Bolivia y me han dicho que, para la fecha prevista de mi llegada a Coroico, allí ya me estarán esperando. Les he comentado que no comuniquen de mi llegada al niño, para darle una sorpresa, pero sí avisarán a los padres.

Llevamos dos semanas viajando, estamos en el norte de Chile y, mañana, entraremos en Bolivia. Hasta ahora todo lo que hemos visto ha sido precioso, pero no oculto que voy contando los días para ver personalmente a mi “ahijado”.

Es media mañana y acabamos de llegar a La Paz, la capital más alta del mundo, en autobús. Empiezo a notar las molestias del sorochi o “mal de altura”: estoy aturdida, me cuesta respirar, no me llega suficiente oxígeno al cerebro y me estoy mareando. Mi compañero se llega hasta la farmacia de la Terminal y me compra el medicamento habitual para estos casos. Parece que mejoro ligeramente y nos dirigimos hacia el hotel. En recepción, al ver el estado en que me encuentro, me ofrecen una infusión de hojas de coca. Según van pasando las horas, con la ayuda de las pastillas e infusiones, me voy aclimatando a la altura y sintiendo mejor.

Llevamos dos días en La Paz. Estoy muy ilusionada porque hoy, por fín, nos vamos a Coroico; parezco una niña con zapatos nuevos.

Subimos a una furgoneta que nos lleva a la región de Los Yungas. Son tres horas de ruta por una carretera infernal: le llaman la carretera de la muerte; es muy estrecha, -en la mayoría de tramos sólo puede pasar un vehículo- bordeando, en medio de una intensa niebla, montañas con enormes precipicios.

Me veo agarrada fuertemente al asiento y conteniendo la respiración en más de una ocasión. La tensión del viaje no me deja pensar en la ilusión que tengo por ver a José Manuel. Por fin, llegamos a un pequeño valle y allí, enfrente, Coroico.

Nos instalamos en el hotel y llamamos a Ayuda en Acción para avisarles de nuestra llegada. En quince minutos viene Francisco, el responsable en la zona y nuestro guía, con un completo plan de actividades para los días que estaremos allí. Esa misma tarde nos lleva a un cafetal donde vemos como se manufactura el café ecológico. Paseamos por el pueblo y los alrededores.

El día siguiente lo dedicamos a visitar distintas escuelas donde nos explican los proyectos de restauración en curso. En una de ellas, por fin, es donde mi ahijado estudia. Nos recibe la directora: una persona muy agradable -como todas las personas que hemos conocido- que, amablemente, agradece mi ayuda para la restauración y ampliación del colegio. Sé que José Manuel está allí y que se acerca el momento tan esperado por mí: estar frente a él. La directora sale de su despacho; vuelve a los cinco minutos con un niño al que reconozco inmediatamente: José Manuel. No es muy alto para la edad que tiene, mirada tímida, inexpresivo. Nos miramos unos segundos, en medio del silencio de los presentes, hasta que le pregunto: “¿me conoces?”. Me dice: “Sí, estás igual que en las fotos que me has mandado”. Y, al momento, le estrecho emocionadamente entre mis brazos. Pasados los primeros instantes, del emotivo encuentro, y sintiéndome reconfortada por estar junto a él, después de tan largo viaje, le pido que me acompañe a conocer a su profesor y a sus compañeros.

Junto con la directora entramos en la clase: todos los niños nos miran con curiosidad. Estoy unos minutos de charla con ellos preguntándoles cosas del campo, de la escuela y de sus juegos. Todos ellos ayudan, a sus padres, en las plantaciones: ya sean de coca, café o frutales. Antes de irme doy a cada niño un cuaderno y una caja de lápices de colores, que he comprado previamente.

Por la tarde pasamos por su casa para saludar a su familia. Sólo está el hermano. El padre trabaja en la plantación y la madre regresa de La Paz adonde había ido para vender productos del campo. Estamos un buen rato esperando a que llegue el padre, que el hermano ha ido a buscar. Al fin llega la madre, muy pequeñita, ataviada con los vestidos propios de las mujeres bolivianas, y nos obsequia con un bizcocho, zumo de naranja y mandarinas. Seguimos esperando al padre. Sin decirlo claramente, quizás por timidez o porque con nosotros está Francisco, entendemos que no vendrá. Tiene reservas en conocerme. No acaba de entender qué hago yo allí. Cree que estoy para llevarme a su hijo.

El tercer día de mi estancia, por la mañana, quiero ir con José Manuel, al pueblo, y no le dejan. Compro una sudadera y se la llevo a casa. La madre me recibe muy contenta mientras el padre pone distancias. Pero al ver a su hijo tan contento con el regalo y, habiéndole aclarado cuál es mi motivo de visita, se ausenta unos minutos; regresa con una bolsa llena de “confetti”, que esparce sobre mi cabeza, la de José Manuel y la de todos los presentes: en ese momento me da la bienvenida a su casa. Esa misma tarde nos lleva a ver su huerto, con diferentes árboles frutales; después nos enseña una hacienda que, requisada por el Gobierno -perteneció a un narco que está encarcelado-, ha sido cedida al pueblo, que la gestiona como cooperativa. El señor, muy satisfecho, nos explica que lo han elegido presidente mientras, machete en mano, nos abre paso entre la maleza. Contínuamente da muestras de cordialidad, nos quiere enseñar todo. Noto como la tensión del primer encuentro se ha diluído, más aún, cuando mandó a José Manuel a coger mandarinas, de un árbol, para nosotros.

Hoy es sábado, nuestro cuarto día en Coroico. Vamos a intentar, otra vez, ir con José Manuel al pueblo para comprarle algunas cosas pero con la duda de si el padre accederá a ello. Tras unos minutos de incertidumbre, el padre no pone reparo. Nos montamos en la camioneta y, en el pueblo, visitamos varias tiendas. Pregunto al niño qué cosas quiere, pero no dice nada. Así que decido comprarle ropa, zapatos, una cartera para el cole más otros caprichitos que, como niño que es, le hacen ilusión en una tienda que, desordenadamente abarrotada de cosas, no para de mirar. Después de comer nos vamos de excursión a la montaña, me quiere enseñar la cascada donde se baña en verano. Le noto contento pero algo receloso a la vez; pensamos que el temor y/o respeto a su padre prevalece.

Hoy, domingo, es nuestro último día de estancia. Mañana nos vamos. Habíamos quedado con su familia en que vendrían todos a despedirnos. Al anochecer aparecen la madre, el hermano y José Manuel. No vemos al padre. Les hago saber este hecho y lo van a buscar. Finalmente llega hasta nosotros, estaba en el pueblo. Es una despedida enternecedora e impasible, ante la actitud del padre…

Mi perra presiente que algo me pasa y, con su morro, acariciándome, hace que vuelva a la realidad.

Cojo la carta y la pongo junto a toda la correspondencia que tengo de él. He de ser consecuente y pensar que las cosas son así. Ayuda en Acción ha dado por finalizado el proyecto en Coroico y, por lo tanto, me tengo que desligar del niño. Pero me conforta que este hecho signifique que, con mi ayuda, y la de muchas otras personas, esos niños pueden tener un futuro mejor que el que tenían.

Los días pasados en Coroico no los voy a olvidar jamás. Siempre quedará en mi retina la dulce sonrisa de José Manuel y la satisfacción de todas las personas que conocí, agradeciéndome no sólo la visita sino la ayuda prestada desde España para colaborar en levantar el pueblo.

Ahora tengo a una niña, Nelda, en Sipirangui, al sur de Bolivia, a la que también espero conocer algún día e ilusionarme de la misma manera que hice con José Manuel.

Publicado por Ametslari Bakartia en 16:50:00 0 comentarios

2.- Amanita Caesarea

Esta carta va dirigida a ninguna parte

Esta carta va dirigida a ninguna parte, pero a todos los destinatarios que sepan leer en los corazones rotos, y en las miradas limpias de todo mal, de todo rencor, y que en sus ojos, solo se vea el azul del amor infinito.

¿Cómo se dice adiós o hasta luego, a alguien que ha rozado tu alma con los dedos?, ¿Cómo dices que la suerte está echada cuando la soledad de la noche aplasta tu alma? Creía ser más fuerte que el sufrimiento, creí que tenía el poder de decidir quién estaba a mi lado, diciéndote lo mucho que te desea, o te quiere, o te necesita, y la vida es así, tienes que apostar, y arriesgarte para recibir quizás un nada, o un hasta la próxima, cuando justo ahí en ese momento te lo juegas el todo por el todo, esperando que venga a ti, esa alegría de vivir, ese abrazo cálido de esperanza de sentimientos, esa palabra bonita, ese piropo tan cierto. Siempre mi madre me dice que las penas con pan son menos, pero no es así, las penas, a solas, son más duras y más crueles, no hay dios que las trague, y aquí me ves a mí, compuesta y sin novio, sin un tierno abrazo de hombre, sin un te quiero del alma, sin una mirada de deseo, aquí me tienes más sola y aburrida que un bacalao al pil pil, que una colilla botada fuera del cenicero, y todo esto por mi maldita manía de desear que me amen y que quieran, y no conformarme con un polvete y ya está, o con alguien que solo esta a veces y por tiempos de humor o cuando se le tercie, y me digo, que coño tengo yo, para ser tan friski, y tan especial, y desear amar. Y también sé que todo esto pasará, que le he dado puerta a mi noviete, porque no se aclara ni él, ni sus circunstancias, y que al que tenía en puertas como sustituto, está cansado como un perro, porque es Domingo, y estuvimos el otro día de picos pardos hasta las 9 de la mañana y sin dormir, y sin nada de nada, o sea sin follar, y el tuvo que trabajar al día siguiente, y claro, yo, que quiero todo ya, o sea marcha para mi cuerpo serrano, y el pobre esta hecho unos zorros, o unas bragas de mercadillo después de lavarlas cinco veces, y claro, me ha dejado con la miel en la boca de sus besos de cachorro canario, de hombre impetuoso, de moreno que te cagas y mil y una promesa más, y que es domingo, y que no aparece sino las cuatro como yo, o sea, las que no nos comemos una rosca, ( por eso de las circunstancias de la vida y la lejanía, o porque se han ido muchos trenes, o porque los trenes son una porquería, o porque somos tías especiales y no nos conformamos con cualquier changa de turno, con la picha blanda, o demasiada dura), el caso s que yo pensaba consolarme de mi novio indeciso y medio simplón, en los brazos del cachorrón, y me he quedado sin simplón y sin cachorrón, paripin pin pon. Y el caso es que me creía más dura cuando le he cantado las cuarenta al simplón, y me he dado cuenta de que le sigo amando, y que me ha dolido en el alma que se diera por vencido, y por un instante le he vuelto a creer, y he pensado que volverá a mí, cuando recapacite, o sea, cuando le salga del higo, y me dije yo a mi misma, vale, lo que tu digas, pero yo pies para que te quiero, que tengo al otro al lado, y esta que se muere por mi esqueletito serrano, pero me salió el tiro por la culata, pues el serranito de marras, hizo mutis por el foro, por cansancio, o por desidia, vete tú a saber, o a lo mejor como siempre les doy miedo, con ese aire de mujer resuelta bien plantada.

Sé que todo esto pasara, que el tiempo acariciara mi alma, y la adormecerá, sé que me dará mil y una primaveras, que me besaran en los labios dulcemente y con pasión, se que alguien me jurara amor eterno y lo cumplirá, sé que mis noches serán tibias y suaves, rodeadas de los brazos del hombre que quiero, que mis días estarán llenos de palabras, de bailes y risas, de lagrimas y de mucho amor, de cariño y de mas amor.

Se lo que quiero y también lo que no quiero, se esperar, y también desesperar, pero sobre todo, se amar.

Qué guapa, me dicen todos, y yo me digo, para qué coño quiero eso, si estoy más sola que la una, sin ningún hombre ha podido descifrar mi lenguaje, si siempre me quedo en la mitad, y a medio camino de ninguna parte, en la chica sin pareja, en la mujer deseada por todos, y que siempre todo el mundo dice : no se por qué esta sola, no me lo explico, y yo con ganas de decirles, ¿quieres que te cuente un cuento de pan y pimiento, el pimiento que no me como yo?, y lo dejo estar, porque estoy cansada de oír eso de que yo soy muy exigente, y patatín y patatán, y que es verano y que yo quiero salir y no entrar en mi casa, y mi hija parece que está pegada a mí con poxipol, con pegamento imedio, con la gotita, y yo me digo que si no es bastante con haberla parido y haberle dado 10 añitos de mi vida para que ella tuviera la suya, pues no, quiere más, quiere a su madre las 24 horas del día, con servicio permanente, como urgencias, como los bomberos y la Benemérita y la nacional y la local, y no para de sobornarla con viajes hipotéticos, familiares cercanos y euros en billetes, pero ella, erre que erre, que no se va, que se queda en casa, jodiendome a mí la pavana, y haciéndome sentir una mala madre cada vez que suena el móvil y yo corre que te pillo, para que no se corte, y no se me escape el maromo, y yo me digo porque no harán viajes de fin de curso a las Antillas holandesas, o al polo norte o al sur, me da igual, que para ser madre, ya me quedan todos los meses del año, que yo solo quiero este veranito que empezó con San Juan y sigue con Santa Rita, santa de las causas perdidas, y yo quiero seguir con ella, y bueno, que como me gustaría que esta noche y todas las noches alguien abrazara mi cuerpo y callara mi grito de soledad a besos, mientras tanto, oigo al viento, me asomo a mi azotea y suelo decir como siempre, mira el cielo, hace una noche preciosa, mañana el sol brillara de nuevo, para ti, para mí.

Carrizal a 27 de junio de 2005

Publicado por Ametslari Bakartia en16:50:00 0 comentarios

3.- Boletus Aereus

La bendición de Selena

Blanca hacía muchos años que trabajaba en la misma casa de familia, conocía todos los rincones de ese hogar y año tras año había quitado hasta la última pelusa insolente de los muebles. Incluso ya parecía parte de la familia, una parte un poco desplazada, sometida, invisible …. pero no todo es perfecto y Blanca se conformaba, a veces, con ser prescindible. Aquel día llegó más temprano que de costumbre, preparó el desayuno orgullosa de que toda la familia esperara con ansia sus famosas tostadas dulces, pulverizó una por vez las pequeñas pastillas y las mezcló con el café con leche, y qué susto, casi se olvidaba de poner una flor fresca en el florerito azul… Cuando todos estuvieron dormidos en sus sillas, con la tostada en una mano y la servilleta de lado, Blanca roció los muebles, los floreritos azules y los manteles con querosén, olía a limpieza. La casa no tardó en comenzar a arder y Blanca cerró la puerta con llave antes de irse, como era propio de una "señora de confianza" que tenía hace rato las llaves de ese hogar que tanto la olvidaba.

El caso de Selena era de lo más extraño, si bien todos saben que hay personas que echan maldiciones para conseguir lo que desean, ella, aún sin tener noticia de esto, bendecía a los demás para lograr sus metas. Así por ejemplo siendo muy joven había permitido que su prima conociera un galán bello y adinerado con el que se fugó sin dudarlo, dejando solo y deprimido al novio, futuro esposo de Selena y de quien Selena estaba perdidamente enamorada mientras noviaba con su prima…. También sucedió que por un tiempo perturbador la familia de Selena soportó a ciertos vecinos desquiciados que hacían la vida imposible al resto del vecindario, cuando parecía que el conflicto llegaba a su punto extremo, los vecinos molestos consiguieron un trabajo bien pago y con vivienda, lejos lejos al sur del país, a miles de km de la casa de Selena. La lista era larga: la maestra amarga de los hijos al fin tenía novio, el jefe de su marido había renunciado luego de ganar la lotería dejando el puesto vacante, la suegra había sido admitida en un club social muy conocido que le daba poco tiempo para otras ocupaciones, y hasta la mucama ideal había aparecido hace unos años en la casa casi suplicando por un trabajo, justo en el momento que más necesitaban de su ayuda hogareña. Todo parecía perfecto hasta el día de ese gran incendio inexplicable, la única sobreviviente fue la criada, Blanca hacía muchos años que trabajaba en la misma casa de familia, conocía todos los rincones de ese hogar y año tras año….

Publicado por Ametslari Bakartia en 16:49:00 0 comentarios

4.- Boletus Aestivalis

El tiempo en un cuento

El presente

Es un día más en nuestra convivencia, otra noche que preparo la cena y se la ofrezco en un descanso de sus quehaceres. Es un ritual agradable, sin ostentaciones serviles, sin presiones ni imposición, tan solo se trata de un gesto de amor que no tiene más retribución, que una sonrisa despistada, un; gracias, y una rápida mirada de aprobación. Con esto; queda la escena acabada.

Ella, ordena papeles, abre carpetas, archiva facturas y recibos de la pequeña economía domestica. Observo su concentración en lo que está haciendo. Existe un tácito acuerdo de respeto y silencio para no distraer su atención, pero a pesar de la inexistencia de palabras, sabemos lo que nuestros gestos demuestran y dicen. Existe una coherente complicidad en cada uno de nuestros actos.

Mi mirada y mi mente, siempre tienen presente lo que fue el pasado y su infancia. El presente, que es el día a día en el que vivimos y, a la vez, y por un extraño milagro que no me explico, tengo la sensación de contemplar y vivir como realidad presente, el futuro, que aún está en proyecto…

Su joven rostro, habla de responsabilidad asumida, de tenacidad, de una voluntad que pocos han entendido y que siempre ha sido una constante desde su nacimiento. Su rostro desprende una ternura serena y su mirada habla de buen juicio. Algo que siempre ha impresionado a quienes la trataron desde niña.

Posee una extraña capacidad para mantener la mente clara (aún en los peores momentos o en situaciones dramáticas), y es ahora, al mirarla, desde esta extraña mezcla que adquiere mi mirada, cuando puedo verla desde todas las perspectivas posibles. Pasado, presente y futuro a la vez. De la niña a la mujer que le queda poco para terminar sus proyectos. Una mujer que tendrá en sus manos o de la que dependerá la vida de muchas personas. En ellas, en esas manos, estará la Justicia de la Ley, y en la claridad de su mente, la sabiduría de impartir la absolución o castigar el dolo del delito.

Son muchos los momentos en los que soy consciente de asistir a una metamorfosis, a la transformación de un imago, como mera espectadora, sin que mi participación pueda a estas alturas cambiar nada.

Nada es fortuito en este transcurrir imparable hacia un hecho ya concertado por el destino. Su existencia, su nombre, su crecimiento… nada fue programado, simplemente, tenia que ocurrir y así sucedió. Fue un hecho, a pesar de la oposición de los elementos que intervinieron.

Mi existencia, será su pasado cuando su evolución alcance cotas más altas, pero yo la veo, vivo esa evolución como un hecho consumado. Asumo le responsabilidad de saber que soy parte de su existencia, pero sabiendo que mi oposición tan solo sería pura anécdota en la trayectoria de su vida.

Ya en su primera infancia, cuando apenas contaba cuatro años, tenia clara la meta hacia la que conducía su vida; causaba cierta hilaridad ver tanta clarividencia en tan pocos centímetros de persona…

Pero, fue una criatura normal. Nada de niños prodigio. Sin grandes notas escolares, sin matriculas, sin sobresalir en nada que no fuese la armonía de su tremenda personalidad y, sobre todo, la sencilla serenidad con la que se enfrento a una vida llena de dificultades y carencias.

Contaba siete años cuando conoció de cerca la muerte. La vida, esta vez misericordiosa, envió un ángel salvador para llevarse de la mano de un cáncer, la tortura de un padre agazapado en la locura, que esgrimía una agresividad cruel y sin medida.

II
El pasado

De puntillas, sin hacer ruido, tal y como salen de la cama, los tres niños y su madre, salen a la escalera de la casa. Con rapidez alcanzan el portal. Son las cuatro de la madrugada, los niños visten un pijama. No llevan dinero, escapan sin ningún recurso. Una vez más, se puede decir que solo cuentan con el ingenio de la madre que los protege saliendo del mal llamado hogar. Ya en la calle, corren sin mirar atrás. No hay lugar donde ir, solo corren y huyen. La niña, sofocada, pregunta:

¿Mamá, que pasa?-
Corre Maria, no te sueltes de la mano, a papá le ha vuelto a dar la “vena”( es como la madre llama a la esquizofrenia que se apodera de él. Son momentos en los que puede matar)-

Su hermano mayor, no habla, silencioso, sujeta la mano de su hermana y tira de ella. Él, tiene seis años, ya conoce de que va la escena. El pequeño, con apenas año y medio, va en brazos de su madre.

La llegada a una calle principal, coincide con el momento en que pasa un taxi, sin pesarlo la mujer lo detiene y explica al buen hombre lo que sucede. Le pide que la acerque a un hospital y aclara que no podrá pagarle. Allí, en la sala de espera, podrán pasar la noche abrigados y al resguardo de cualquier acontecimiento imprevisto. Antes de subir al coche, Maria mira a su madre y con vocecita de complicidad, le dice bajando la voz

Mamá, que mala es la “vena”, ¿verdad? –

Aquella noche, como tantas otras, duerme en los pliegues del silencio. Ni a Maria, ni a sus hermanos les queda rastro de este recuerdo familiar. Fueron tiempos para olvidar, Tiempos en los que aquel hombre era el amo de su mundo. Tiempos que costaron toda una vida, dejar atrás.

Hoy, son mis ojos los que contemplan a Maria. Mis manos, la que arropan su vida hasta que llegue el momento de alzar el vuelo. Sobre sus hombros de veintiséis años, pesa el corazón enfermo de una madre que lucha por vivir hasta que ella alcance su destino. Pesa los años de estudios. Pesa, un trabajo que alivia esa escasa economía familiar. Pesa su juventud, que puja por hacer pequeños vuelos de rebeldía. Pesa, el sentido de la responsabilidad. Pesan sus sueños, sus manías… las ausencias, los recuerdos, las carencias…

III
El futuro

La sala de la Audiencia Provincial abre sus puertas. Son algo más de las ocho de la mañana. El publico entra, y ocupa los bancos para asistir a un juicio. Es audiencia publica. En otro lugar cercano, los Magistrados se preparan poniéndose las togas. Consultan apuntes, comentan entre ellos, se saludan a su llegada… Los Letrados de la defensa llegan a la sala unos minutos antes que los imputados. Hace su entrada el Fiscal General, esta vez con el apoyo de otro compañero.

Todos, en pie, esperan, ya en su sitio, la entrada del Tribunal…

El auxiliar se dirige a uno de los Magistrados: Maria

Señoría, hace unos minutos, se ha recibido estos informes, al parecer son urgentes

Ella, asintiendo con la cabeza, coloca y pone en orden su toga; con una sonrisa le dice:

De acuerdo, por favor, llévelos a mi despacho. Los veré después, cuando termine la vista

Sus pasos la dirigen hacia los compañeros. Están dispuestos para salir. El auxiliar, presuroso, se adelanta para abrir la puerta de acceso… El Tribunal, entra en la sala.Todos, en pie, esperan a que tomen asiento…¡La vista ha comenzado!

El Tiempo camina en mi sueño. Ha olvidado su cometido. Se ha sentado a mi lado en el camino y me permite jugar en presente, pasado, y futuro, para escribir en las paginas encuadernadas de un cuento que dejo inconcluso.

Fin

Publicado por Ametslari Bakartia en 16:49:00 0 comentarios

5.- Boletus Edulis

Para la eternidad

María se había alojado en aquella pensión de mala muerte, no le quedaba dinero para nada más, en cinco años había pasado de niña rica a prostituta de lujo, pero ese tipo de vida que llevaba le había pasado factura, Prozac para sus depresiones, una raya de vez en cuando, y pastillas para dormir, muchas pastillas para dormir, aunque esa noche no podía hacerlo ,de cualquier forma. Había una especie de presentimiento que la mantenía alerta. En ese momento miraba tras los cristales empañados por la leve lluvia que había caído, había descampado fuera pero seguía lloviendo en su ser, en lo más profundo de su alma.

Nunca tuvo el suficiente coraje para enfrentarse a los problemas cotidianos, esos que ahora se le presentaban como montañas difíciles de escalar. Acostumbrada a tenerlo todo, no poseía ahora nada que le pareciera suficiente para continuar viviendo ¿donde estarían sus sueños e ilusiones? ¿A que lugar fueron a parar su ímpetu y sus ganas de comerse el mundo? ¿Cuando fue la ultima vez que vio a Javier? Lo conocía desde niña, no concebía ahora su vida sin él, amigo en la infancia, novio en la adolescencia y cómplice en sus múltiples aventuras… No se puede jugar con los sentimientos de nadie sin que la vida acabe pasando factura.

Cinco años habían pasado desde que ella lo había engañado…

Javier andaba pensativo por el sucio callejón, pensativo, pero con los cinco sentidos en alerta, estaba ya a acostumbrado a hacer las dos cosas al mismo tiempo, aunque esta noche no estaba en su mejor momento, armado hasta los dientes se había convertido en el jefe de proxenetas de todos los barrios de aquella ciudad, respetado por todos, sobretodo por los ricos reprimidos que acudían a él para satisfacer sus más bajos instintos, instintos que harían sonrojar hasta al mismísimo Satanás. Pero el tenia una reputación, y aunque los trabajos sucios se los dejaba a otros no podía pasar sin supervisar cada uno de los movimientos de estos ¿quien habría sido la puta que mato a uno de sus mejores clientes? ¿ como se atrevía a desafiarle de esa manera?, ese tema lo dejaría para mas tarde, la noche estaba fría y no podía dejar de pensar en el único amor que había tenido en su vida, Maria, la conocía desde que era un niño, la había dejado, no podía soportar mas sus infidelidades ¿ donde estaría ella ahora, su niña rica, tan guapa , tan activa? el que fuera pobre no había sido problema para ella. Enfrascado estaba en sus pensamientos cuando se dio cuenta de que había llegado a la pensión…

A Maria le sobresaltaron aquellos golpes secos en la puerta, pero el disparo en la cerradura termino de ponerla sobre aviso, hasta el punto de meterse debajo de la cama. El encontró su escondite y le arrastró de los pelos, de repente sus caras se encontraron, el quedo desarmado ante sus ojos, ella se armo de valor para gritar, no lo había reconocido, Javier la atrajo hacia si, de repente se sobresaltó, no cabía duda, era él, su amor perdido, los dos se fundieron en un fuerte abrazo, se besaron y lloraron como niños. Maria pensó en que no le importaba morir en ese instante con tal de no perderlo más nunca, Javier en esos momentos se acordó de todos los hombres con quien le había engañado y sintió celos. En un arrebato de locura saco su revolver y le dio dos disparos en el corazón ¡que guapa estaba Maria yacía con esa tranquilidad en el rostro que sólo poseen los que han muerto en paz consigo mismo , el le cerro los ojos, ahora sería ahora sería suya para siempre, se recostó a su lado y se pego un tiro en la boca. Maria y Javier estarían ya juntos por los siglos de los siglos, tendrían una eternidad para amarse.

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6.- Cantharellus Cibarius

La esperanza de Chuchilu

Aquel 3 de octubre amanecía como un día más. Los más madrugadores se despertaban temprano para acudir a sus puestos de trabajo. Tímidamente el silencio dejaba paso a los sonidos mecánicos de la ciudad, sonidos que viajaban por el aire y que llegaban al tímpano de Chichilu*.

La máquina barredora del servicio de limpieza pasó a la misma hora, como todos los días. Chichilu* escuchaba acostado en su cama cada uno de aquellos sonidos que tantas veces había escuchado. Por fin un sonido que también conocía irrumpió entre el resto de sonidos. Era el sonido de su despertador.

No habría necesitado de él para despertarse, ya que había pasado la noche en vela, pero este hecho era algo que desconocía cuando se acostó. Nada hacía prever que pasaría la noche en vela. Había estudiado uno tras otro, todos los pasos que aquel 3 de octubre iba a dar. Los había estudiado de tal manera que era capaz de darlos con los ojos vendados. Fueron muchos los minutos, las horas, los días dedicados a ello.

Chichilu* apagó el despertador y se levantó de la cama. Iniciaba así el protocolo que todas las mañanas lo acompañaba desde hacía muchos años. Levantaba las persianas y abría el balcón y la ventana para que la habitación se aireara. Después se dirigía a la cocina. Calentaba un tazón de leche en el micro ondas y lo acompañaba con un buen chorro de café y un par de cucharadas de azúcar. Tomaba el café con leche sin sentarse y se dirigía de nuevo a su habitación. Allí le esperaba el cigarro que iba a acabar de despertarlo, aunque aquel día no fuera necesario. Mientras fumaba, desde la ventana acostumbraba a mirar que tiempo hacia. Después encendía su computadora. Aquella mañana no la encendió, ya no iba a necesitar de ella.

Mientras Chichilu* fumaba, su madre se despidió de él. Eran las 7:20 a.m., su madre se dirigía a trabajar. – Me marcho. – dijo su madre. Adiós – respondió Chichilu*. Hubiera querido despedirse de otra forma, pero no podía.

Chichilu* suspiró. Debía seguir los pasos que tan esmeradamente había centrifugado su cabeza. Se vistió sin prisas. Una camiseta blanca, un pantalón de montaña y un jersey. Ahora los llamaban sudaderas. Le hacían gracia estas palabras que los medios de comunicación ponían de moda y acababan siendo aceptadas.

Se calzó las botas de monte, metió algunas cosas en su mochila, respiro profundamente y se dijo a sí mismo; – Bueno Chichilu*… llego la hora de caminar. –

Así comenzaba una travesía que jamás iba a olvidar. Salió del portal y se encamino por la calle mayor hacia el puente de Navarra. Cuantas veces había recorrido esos mismos pasos. No recordaba todas, pero su memoria guardaba muchos de esos pasos. Desde el puente se divisaba una hermosa montaña. Montaña que Chichilu* apreciaba mucho. Tenía por costumbre mirarla siempre que pasaba por allí. Admiraba su porte, su hermosura y lo que la montaña trasmitía. Se podía predecir el tiempo con una simple mirada. Iba a ser un día precioso de otoño. La montaña estaba cubierta por una fina capa de niebla matinal, que se desplazaba por sus senderos con suavidad. La temperatura era fresca pero agradable y corría algo de viento de componente sur. Iba a ser un día típico de otoño.

Chichilu* no acostumbraba a mirar atrás cuando caminaba, pero aquel día tras mirar la montaña se paró y giró la cabeza. Quería ver la calle mayor. Como había cambiado en muy poco tiempo. A pesar de ello, la calle mayor conservaba su majestuosidad. Jamás dejaría de ser la calle mayor, a pesar de que había calles que habían adquirido mayor protagonismo debido al tráfico rodado.

Tras girarse, continuó su camino hacia el convento de Santa Clara para tomar la carretera de acceso al barrio de Izaskun. En escasos pasos la pendiente de la carretera hacia que el caminar fuera algo más pausado. Chichilu* conocía bien el camino y sabía que pronto iba a poder descansar un poco para encontrarse de nuevo con otra zona de dureza.

Mientras caminaba observaba todo. Chichilu* era muy observador. Pero sobre todo le encantaba observar la naturaleza. Colores, olores, sonidos… hacían que se sintiera más vivo. Más integrado en la naturaleza que amaba.

Cuantas veces le habían dicho; – Chichilu* coge tu reproductor mp3 y sal a caminar. – Era un consejo maravilloso. Consejo que salía del corazón de quien se lo aconsejaba, pero Chichilu no podía caminar sin escuchar los sonidos que la naturaleza le ofrecía. Caminaba receptivo a todo lo que le rodeaba. Receptivo y pensativo. De esta manera para cuando se dio cuenta había recorrido gran parte del camino que debía recorrer.

Volvió a pararse, pero esta vez fue una parada que su mermado físico le obligo a hacer. Su respiración era rápida y corta. Su corazón latía rápidamente. Aprovecho la parada para observar las montañas y los valles que desde donde se encontraba podían verse. La niebla prácticamente se había disipado con la salida de los primeros rayos de sol.

Volvió a respirar profundamente y continuó su camino. Poco a poco se acercaba al lugar al que se dirigía. Por fin desde el sendero podía ver aquel lugar que tanto le gustaba. Dejo el sendero a un lado y se adentro en un bosque de hayas. Muy a menudo se solía preguntar cuantos años tendrían aquellas hayas. Pero había algo que le preocupaba aún más. Algún día las talarían y en su lugar plantarían pinos. A pesar de su corta edad había visto como había ocurrido lo mismo con muchos bosques que le gustaban y de los cuales disfrutaba.

Entendía que los propietarios de los terrenos apostaran por arboles de mayor rendimiento como los pinos, pero eso no era suficiente para que su corazón se encogiera al verlo. Todo un hábitat desaparecía con la tala de las hayas dando paso a un bosque efímero, falto de diversidad donde la zarza lo cubre todo impidiendo que nada mas brote.

Y mientras volvía a pensar que aquello ocurriría tarde o temprano, sus pasos le llevaron hasta el lugar que tantas veces había visitado. Era una haya especial para Chichilu*. Había visto muchas hayas, muchos bosques pero aquella haya le fascinó desde el primer día que la vio. Había pasado horas sentado al pie de su tronco, abrazado por sus raíces.

Desde aquel lugar se podía ver la sierra de Ernio, los distintos valles de la zona y cuando la bruma lo permitía el mar.

Pero ese 3 de octubre no había ido allí a ver el mar, ni a ver montañas. Había ido a despedirse de ellas. Abrió la mochila y de ella sacó una cuerda de escalada. Un extremo estaba ya listo. Trepo a una primera rama de su querida haya y paso la cuerda por otra rama superior que quedaba a unos 3 metros del suelo. Ató con fuerza la cuerda para que no se soltara. Sabía que los nudos que había hecho no se iban a soltar pero no quería contratiempos.

– Bueno Chichilu* – Se dijo. – Está todo listo. Todo como lo habías pensado – Suavemente comenzó a deslizar el lazo a través de su cabeza hasta que llegó a su cuello. Allí acababa su camino. Respiro con todas sus fuerzas, cuando una hermosa mariposa, como surgida de la nada, ralentizo su aleteo para quedarse flotando delante de sus ojos. Chichilu* la miraba fijamente. Era una mariposa maravillosa, muy hermosa. Sus tonos azules chispeaban con la luz del sol haciéndola aún más bella. Ambos, sumidos en una conversación sin palabras perdieron la noción del tiempo.

Por fin Chichilu rompió el silencio; – Es verdad – Se dijo a sí mismo. – Esto no es lo que tú quieres Chichilu. No es lo que quieres para ti y tampoco para las personas que te aman y aprecian. – Con suavidad deslizó de nuevo el lazo a través de su cabeza para librarse de él. Soltó los nudos que había hecho y descendió de la rama a la que había ascendido.

La mariposa continuaba revoloteando a su alrededor. Chichilu* guardo la soga en la mochila y se sentó como tantas veces había hecho al cobijo de su querida haya. Extendió la palma de su mano y la hermosa mariposa se poso en ella.

Se hablaron como pocos seres consiguen hacerlo. No necesitaron de palabras. El sol calentaba sus cuerpos mientras hablaban y ambos volvieron a perder la noción del tiempo. El tiempo parecía haberse detenido para ambos.

Pero Chichilu* no podía quedarse allí por siempre, debía volver a casa. Agito suavemente su mano para que la preciosa mariposa retomara el vuelo y mientras se alejaban el uno del otro Chichilu* le dijo; – Te visitaré todos los días – .

Era mediodía cuando Chichilu* llego a casa. Entro en la cocina y rompió en mil pedazos la carta de despedida que había dejado sobre la mesa. Vació su mochila, guardo todo y se marchó a esperar a que su sobrino saliera de la escuela. Hacía 4 años que su sobrino había nacido. Chichilu* había elegido la fecha de nacimiento de su sobrino para marcharse por siempre. No sabía bien porque había elegido esa fecha pero fue la seleccionada.

La hermana de Chichilu* esperaba ante la puerta de la escuela. Le extraño verlo allí pero no dijo nada. Simplemente se limito a expresar la alegría que sentía al verlo allí. Sonó el timbre que anunciaba la salida de clase y el sobrino de Chichilu* salió corriendo. Chichilu* no sabía qué era lo que tanto los unía pero había existido desde que su sobrino nació.

Su sobrino se dirigió directamente hacia él y lo abrazo con fuerza a la vez que le daba un enorme beso. Su sobrino dijo; – Osaba… pozik nago!!!* Ni ere bai* – Respondió Chichilu*.

Chichilu* visito aquella misma tarde el hayedo donde había conocido a la hermosa mariposa. No se volvieron a encontrar. Pero Chichilu* aún tiene la esperanza de que alguna vez vuelvan a encontrarse y puedan hablar como aquella vez lo hicieron.

* Chichilu (Quechua) – Hombre débil.
* Osaba… pozik nago!!! (Euskera) – Tío… estoy feliz!!!
* Ni ere bai. (Euskera) – Yo también.

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Manifestación

Mi entrada  anterior, sirve  como  introducción  a lo que hoy os cuento.

En ella, Domingo, me ha dejado un comentario hablando de la incapacidad que sentimos, para expresar con palabras los sentimientos más puros  y profundos que el alma puede  guardar. Así lo creo.

Se puede contar lo que pensamos pero, raramente encontramos las palabras para  explicar lo que sentimos.

Hoy, es uno de esos días en los que sé de antemano que mis palabras  quedaran pobres de contenido . Inadecuadas para la importancia de lo que quieren expresar y, sobre todo, torpes para el grito que desde aquí quiero lanzar.

Pido pues, vuestra benevolencia y vuestra inteligente capacidad para poner corazón y justicia en ellas. Os pido, que añadáis la fuerza  y la humildad que a mí me falte. Que aportéis  vuestra grandeza donde yo no he sido capaz  de bordarla… Amigos; lo vivido junto a estas personas es digno de ser bordado en el alma.  Doy por sentado mi incapacidad para   poder  y saber  transmitiros el  aplastante  caudal de sentimientos que  me ahogaron en esa marcha. Lo sé, y por eso mismo lo intento, para  imitar la voluntad, la dignidad, el orgullo, la valentía,  la cabezonería y el alegre optimismo que vi en todos ellos por seguir hacia delante, suceda,  lo que suceda.

El viernes  en la noche me convertí en sombra de lo que nuestra sociedad llama, un supuesto  discapacitado funcional.

Un baño de humildad que la vida me regala a mis 60 años.

Una impresionante lección  que la vida me tenia reservada  para cuando uno cree saberlo casi todo de esta.

Un recordatorio de lo mucho que tenemos que agradecer a la existencia  y  a la fragilidad de una seguridad con la que siempre contamos, como un derecho merecido por el hecho de nacer.

El sábado, acudí a la manifestación por la diversidad funcional. Si, y como os he dicho, desde el viernes fui la sombra de uno de ellos…

…. una sombra…

Una sombra, que podía  saltar  las escaleras  sin  la silla que a él le detenía…

Sombra… que sentía el cansancio de la marcha…  pero, que a diferencia de ellos,  no eran mis brazos ,  mi boca o la poca movilidad de los dedos de una mano los que movían  mis piernas y todo mi cuerpo.

 Una sombra que tenia la suerte de “caminar” junto a ellos, pero, consciente de los muchos años que había  disfrutado de la “independencia” de unas extremidades sin cárceles… 

La capacidad  de hablar con  voz, sin un teclado frente a mi boca para  poder decir: Te quiero…

.Suerte, por  ser madre de cinco hijos sanos y fuertes…

Por haber podido abrazar y “amar”, con “todo” mi cuerpo.. .

Por haber trabajado…

Por calzarme una lindas sandalias y bajar  una escalera  a paso rápido, mientras  sentía como mi falda  bailaba con el viento.

He tenido la inmensa fortuna de jugar entre las rocas de un mar con mis hijos…

 De “ sentir” como las olas de un mar travieso acariciaba mis piernas y mi cuerpo…

De nadar con mis brazos…

Pasear, sintiendo en mis pies la arena …

De decidir  con un simple impulso cuando quiero acercarme a un chiringuito a tomar un refresco…

Hablo, grito y  defiendo  mis derechos mirando frente a frente a mi oponente, y no puede detener mis palabras, mis quejas o mis gritos,  una mirada de  compasión, como se hace con ellos.

Observé a las personas  mientras caminaba…

Os juro que vi  más discapacitados  mentales que volvían los ojos, entre los transeuntes , que  las discapacidades   con los que yo caminaba. Pero  también encontré miradas  que veían más allá, que se asomaban por la ventana que se les estaba mostrando.

La gente, no quiere ver que  todos podemos ser ellos. Que nuestro hijo, nuestra hermana… Cualquiera de nosotros, puede sufrir un accidente, una enfermedad que quiebre nuestra vida… Que todos estamos  expuestos a un mal nacimiento de nuestro  próximo  hijo  o nieto…

 ¡¡ Dios bendito!!  Es algo que está ahí, existe, no es un cuento ni un invento y la sociedad, hacemos muy poco por luchar por sus derechos, por su igualdad, por una leyes que nos protejan a todos

Vi estúpidos empleados de un aeropuerto atrapados en la imbecilidad de su propio infierno ( la estupidez es el peor de ellos). Locos incompetentes, subidos  y parapetados tras un mostrador, tan alto, que era imposible que viera a una persona en silla de ruedas. Pero la cosa no queda ahí. El  “ cliente” a de hacer el esfuerzo de estirar el cuello, ( no puede hacer más)  Ellos sentados, hablaban  hacia sus manos y les importa un pimiento si eran oídos o no…  Iban a lo suyo, que para más INRI  no era lo correcto; Los  jodios tiraban con bala con sus errores; Ya lo creo, ¡ casi nos matan! . Creedme, lo entiendo, porque  de no hacerlo, era para liarse a  bofetadas con ellos. ( Escribiré una entrada sobre la T4)

 

Conocí  auténticos ángeles  asociados:  PRECARIAS

Chiquillas, jóvenes  que luchan por la igualdad en el mundo. Ángeles  que revoloteaban  transmitiendo alegría…  no había presupuesto para más… Ehhh ¡ Sí ¡!  Que dieron  botellines de agua  a diestro y siniestro.  Ellas hicieron posible  la manifestación, fue el apoyo que estas personas tuvieron  desde Madrid, eso, y los que ellos mismos se proporcionaron pagando, desde sus economías, el pequeño vehículo que abría cabeza.

Globos de colores, megáfono para animar con sus voces y, música.

¿ Sabéis como suena Resistiré del Dúo Dinámico caminando  en tales circunstancias?

¿ Sabéis?

Durante mucho tiempo resonaran sus gritos en mi  cabeza y en mi corazón:

¡¡¡  SÍ, SÍ, SÍ… VISIBLES EN MADRID!!!

Algunos, carecían de voz, sólo podían mover sus bocas imitando el gesto.

Ningún traje con corbata…

Ni un famoso…

Ni un artista de cine o teatro…

Espero que su grito nos llegue. Que le llegue al hombre de bien que  hay en todos nosotros.

Mi ángel, cogió su vuelo el domingo a las 10:30 de la noche. Yo, su sombra… quedé en tierra, reflexionando sobre todo ello.

 

Añadire las fotos cuando las tenga. Hoy, solo quise  haceros saber que , estuve con ellos. 

 

 

Lo prometido : Deuda

                                                                     Ahi me teneis con mi ángel. No os librareis de que siga contando cosas sobre ello. Prometo hacerlo  intentando no cansaros.

 

Dar… y Valeria en poesia

En  bravo silencio…

En vuelo de infinito cansancio…

Con lagrimas mudas ,

Y convocando a los dioses del mañana;

  ofrecemos  nuestro efímero tributo al futuro.

Como precio de una libertad…

Entregamos nuestras alas.

 

–00O00–

 

Por unos dias, os dejo…

Sólo será… ¡ por breves momentos ! 

 

 

 

Valeria, una mujer vitalista por los cuatro costados, nos embarco en esta deliciosa aventura a cuatro locos. Dejo el resultado. Lo suelto sin más por cuestiones de tiempo; salgo en una horaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ¡¡¡

 

En tu boca

Un suspiro indomable
lleva mi aliento a tu boca
con el sabor inefable
de todas mis palabras rotas.

Y me busco en tus palabras
y me hundo en mis silencios
porque todo lo que callas
me lo dices con tus besos.

Y en mi boca queda el sabor,
de una dulce melodía,
canciones que hablan de amor
que me llenan de alegría.

Me despierta safírico tu sonido,
silencio de mar encadenado,
y deseo un golpe con tus labios
acantilados de inocencia perdida .

Y es entonces, vida mía,
cuando en la furia de las olas
yo pierdo mi inocencia,
para fundir en mis besos
la locura de tu boca…